REFLEXIONES
Caminando por mi ciudad natal Caracas, vienen a mi mente muchos recuerdos de mi infancia y adolescencia, aun cuando siempre he vivido en un sitio muy cosmopolita y bullicioso, el gentilicio de sus pobladores era espectacularmente amigable y bondadoso. Con el pasar de los años todo ha cambiado tanto, se puede ver a simple vista un irrespeto a las normas, gente eufórica y violenta, un tránsito agresivo y lo que más duele, la pérdida de esa jovialidad y educación que nos hacía resaltar.
Es cierto que es el país de las mujeres bellas, los grandes beisbolistas, buenos músicos, un clima agradable, paisajes bellísimos y riquezas naturales incuantificables; entonces me pregunto: ¿Qué ha sucedido con todo lo bueno que teníamos? Muchas pueden ser las razones, pero desde mi humilde perspectiva lo que realmente pasa es que nos hemos llenado de resentimientos y olvidamos convivir internalizando que la paz es el respeto a los derechos de los demás. Uno escucha en la calle a la gente quejándose, criticando, hablando y hablando, pero que hemos aportado para tener un mundo mejor, o que podemos aportar. Como terapeuta observo que vienen a mi consulta personas buscando ayuda y siempre me dicen yo quiero esto, yo quiero aquello, necesito esto, necesito lo otro; ora por mí, ayúdame; entonces yo reflexiono y me pregunto: ¿Qué puedes aportar tú para que tu mundo mejore?, otras personas me dicen: Le abrí las puertas de mi casa y mi corazón y mira como me paga, en fin quejas y quejas; pero no nos detenemos a reflexionar que en la medida en que cada uno de nosotros cambie para bien, aportaremos gotas de luz para que nuestro mundo cambie para bien.
Muchas personas en nombre del amor y la luz creen tener la verdad en sus manos y pretenden imponer su criterio sin percatarse que nadie es dueño de la verdad, y cuando se impone algo es más factible que se derrumbe todo, porque la verdad siempre aflora. Pretender engañar, beneficiarse a costa del deterioro de otro, imponer criterios e intentar tener la razón siempre, solo hace que se active el principio universal de causa y efecto, es por ello que las palabras del amado Maestro Jesús: “Por sus frutos los conoceréis” aun siguen vigentes. Es necesario medir nuestros actos y palabras, porque aquello que de la boca sale del corazón procede, y nuevamente siguen reinantes las palabras de Jesús.
Si comprendemos que cada uno de nuestros actos y palabras generan una acción en el universo, y que cada acción origina una respuesta o reacción, segura estoy que tendríamos un mundo mejor, pero la mayoría de las personas se envuelven solo en sus asuntos y problemas olvidándose de su entorno, sin percatarse que este influye en el desenvolvimiento de nuestro mundo y hacemos que el egoísmo genere el caos.
Es necesario y urgente rescatar los valores y educación que solo la familia enseña e inculca, propiciar el respeto, bondad, amor y tolerancia; volver a formar familias con principios éticos y morales sólidos, donde sus bases sean inamovibles con amor a Dios y al prójimo. La solución está en nuestras manos, somos responsables de nuestras realidades.